LA ELECTICIDAD
La electricidad (del griego ήλεκτρον élektron,
cuyo significado es ‘ámbar’)1 es el conjunto de fenómenos físicos relacionados
con la presencia y flujo de cargas eléctricas. Se manifiesta en una gran
variedad de fenómenos como los rayos, la electricidad estática, la inducción
electromagnética o el flujo de corriente eléctrica. Es una forma de energía tan
versátil que tiene un sinnúmero de aplicaciones, por ejemplo: transporte,
climatización, iluminación y computación.2
La electricidad se manifiesta mediante varios fenómenos y
propiedades físicas:
Carga eléctrica: una
propiedad de algunas partículas subatómicas, que determina su interacción
electromagnética. La materia eléctricamente cargada produce y es influida por
los campos electromagnéticos.
Corriente eléctrica: un flujo o
desplazamiento de partículas cargadas eléctricamente por un material conductor.
Se mide en amperios.
Campo eléctrico: un tipo de
campo electromagnético producido por una carga eléctrica, incluso cuando no se
está moviendo. El campo eléctrico produce una fuerza en toda otra carga, menor
cuanto mayor sea la distancia que separa las dos cargas. Además, las cargas en
movimiento producen campos magnéticos.
Potencial eléctrico: es la
capacidad que tiene un campo eléctrico de realizar trabajo. Se mide en voltios.
Magnetismo: la
corriente eléctrica produce campos magnéticos, y los campos magnéticos
variables en el tiempo generan corriente eléctrica.
La electricidad se usa para
generar:
Historia de la electricidad
El fenómeno de la
electricidad se ha estudiado desde la antigüedad, pero su estudio científico
sistemático comenzó en los siglos XVII y XVIII. A finales del siglo XIX, los
ingenieros lograron aprovecharla para uso doméstico e industrial. La rápida
expansión de la tecnología eléctrica la convirtió en la columna vertebral de la
sociedad industrial moderna.3
Mucho antes de que
existiera algún conocimiento sobre la electricidad, la humanidad era consciente
de las descargas eléctricas producidas por peces eléctricos. Textos del Antiguo
Egipto que datan del 2750 a. C. se referían a estos peces como «los tronadores
del Nilo», descritos como los protectores de los otros peces. Posteriormente,
los peces eléctricos también fueron descritos por los romanos, griegos, árabes,
naturalistas y físicos.4 Autores antiguos como Plinio el Viejo o Escribonio
Largo, describieron el efecto adormecedor de las descargas eléctricas
producidas por peces eléctricos y rayas eléctricas. Además, sabían que estas
descargas podían transmitirse por materias conductoras.5 Los pacientes de
enfermedades como la gota y el dolor de cabeza se trataban con peces
eléctricos, con la esperanza de que la descarga pudiera curarlos.6 La primera
aproximación al estudio del rayo y a su relación con la electricidad se
atribuye a los árabes, que antes del siglo XV tenían una palabra para rayo
(raad) aplicado al rayo eléctrico.
En culturas antiguas del
mediterráneo se sabía que ciertos objetos, como una barra de ámbar, al frotarla
con una lana o piel podía atraer objetos livianos como plumas. Hacia el año 600
a. C., Tales de Mileto hizo una serie de observaciones sobre electricidad
estática. Concluyó que la fricción dotaba de magnetismo al ámbar, al contrario
que minerales como la magnetita, que no necesitaban frotarse.7 8 9 Tales se
equivocó al creer que esta atracción la producía un campo magnético, aunque más
tarde la ciencia probaría que la relación entre el magnetismo y la
electricidad. Según una teoría controvertida, los partos podrían haber conocido
la electrodeposición, basándose en el descubrimiento en 1936 de la Batería de
Bagdad, similar a una celda voltaica, aunque es dudoso que el artefacto fuera
de naturaleza eléctrica.10
En el siglo XVII, mientras
la electricidad aún se consideraba poco más que un espectáculo de salón,
William Gilbert realizó un estudio cuidadoso de electricidad y magnetismo.
Diferenció el efecto producido por trozos de magnetita, de la electricidad
estática producida al frotar ámbar.9 Además, acuñó el término neolatino
electricus (que, a su vez, proviene de ήλεκτρον [elektron], la palabra griega
para ámbar) para referirse a la propiedad de atraer pequeños objetos después de
haberlos frotado.11 Esto originó los términos eléctrico y electricidad, que
aparecen por vez primera en 1646 en la publicación Pseudodoxia Epidemica de
Thomas Browne.12